top of page

¿Que es la Regularidad Masónica?

Actualizado: hace 19 horas

Más allá de los dogmas y monopolios históricos: un análisis crítico desde el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.


Hay una costumbre bastante extendida en la masonería contemporánea: hablar de regularidad como si existiera una sola vara capaz de medir a todas las tradiciones. Casi siempre, tarde o temprano, esa vara termina siendo inglesa.


Para entender el problema hay que situarse en la historia y la estructura del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no dentro del sistema de reconocimiento desarrollado posteriormente por la United Grand Lodge of England. Inglaterra tiene un peso enorme en la formación de la masonería moderna y sería absurdo negarlo, pero reconocer esa influencia no obliga a convertir sus criterios en autoridad universal sobre ritos cuya formación, desarrollo y jurisdicción siguieron caminos distintos.


Marx y Engels parten, en La ideología alemana, de los individuos reales, su actividad y las condiciones históricas que producen una determinada realidad, antes que de las ideas que esa misma realidad construye sobre sí. [1] Ese criterio ayuda mucho aquí. La palabra “regularidad” no existe suspendida fuera de la historia; adquiere sentido dentro de estructuras concretas, con documentos, conflictos, autoridades y límites también concretos.


Por eso conviene empezar aterrizando y encuadrando la tradición que estamos estudiando, cómo se formó, qué instituciones produjo y bajo qué reglas entendió su propia continuidad.


El REAA no apareció terminado en Inglaterra ni salió intacto de Escocia para repartirse después por el mundo. Su historia pasa por los altos grados desarrollados en buena medida en Francia durante el siglo XVIII, por el sistema de Perfección, el Caribe, Charleston y nuevamente Francia. Dentro de ese recorrido se formaron documentos, jurisdicciones y disputas que no pueden comprenderse correctamente si se les impone desde fuera una definición posterior.


“La regularidad no existe fuera de la historia. Sólo puede entenderse dentro de estructuras, autoridades, conflictos y límites concretos.”

Una de esas disputas resulta especialmente reveladora.


Nueva York, 1813.

Emmanuel De La Motta llega desde Charleston con un encargo poco agradable: averiguar quién tiene autoridad entre varios grupos que trabajan altos grados y aseguran poseer documentos suficientes para hacerlo.


No encuentra un farsante evidente frente a una institución perfectamente ordenada, sino algo bastante más complicado.


Joseph Cerneau, francés y joyero de oficio, había pasado por Santo Domingo y después por Cuba. En julio de 1806, Antoine Matthieu Du Potet le otorgó facultades como Deputy Inspector General para la parte norte de Cuba. Según la investigación de Aimee E. Newell, aquella patente le permitía conferir grados hasta el 24° y otorgar el 25° a un candidato por año dentro de Cuba. [2]


Ese mismo año Cerneau dejó la isla, llegó a Nueva York llevando consigo el documento y continuó trabajando. Cuando De La Motta apareció siete años después encontró tres grupos importantes: el encabezado por Cerneau, otro relacionado con Antoine Bideaud y un tercero integrado por hombres vinculados con Abraham Jacobs, quien había recibido una patente en Jamaica desde 1790.


Pidió revisar la documentación de todos.


Cerneau se negó.


El grupo de Bideaud permitió la revisión y terminó regularizado; los hombres procedentes de la línea de Jacobs fueron incorporados después de completar la documentación correspondiente.


Durante mucho tiempo habría sido sencillo contar esto como una historia de regulares contra irregulares. El problema es que la propia investigación publicada por la Northern Masonic Jurisdiction reconoce un detalle no muy favorable: el grupo de Bideaud tampoco había nacido en condiciones regulares. Newell añade que la decisión de De La Motta ha sido considerada después tanto correcta como completamente arbitraria. [3]


No hace falta adornar demasiado el asunto; los hechos ya bastan para complicarlo. Cerneau tenía un documento auténtico, pero quedaba por determinar qué podía hacer con él fuera de Cuba. Bideaud tenía antecedentes suficientes para ser tomado en serio, aunque su organización necesitó regularización. De La Motta llegaba desde Charleston con una autoridad que él consideraba suficiente para ordenar la situación y sus decisiones terminaron produciendo consecuencias institucionales que sobrevivieron a todos ellos.


Dos siglos después el árbol parece limpio porque ya conocemos el resultado.


Ellos no.


Y ahí aparece la pregunta que realmente importa en este escrito: ¿quién tenía autoridad?



1. ¿Qué significa realmente ser regular?

La regularidad cumple una función necesaria. Una organización que afirma pertenecer a una tradición debe poder demostrar cómo recibió aquello que hoy administra; de otro modo bastaría reunir algunos símbolos, redactar ceremonias y declarar una antigüedad que nunca existió.


En el REAA conviene distinguir desde el inicio dos planos que suelen mezclarse: la masonería simbólica de los tres primeros grados y la jurisdicción de los Supremos Consejos sobre los altos grados. Cada estructura posee competencias propias y esa separación importa mucho cuando comienza una disputa de autoridad.


El Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté ha expresado su concepción de regularidad alrededor de tres elementos:

  • una referencia fundacional —las Grandes Constituciones de 1786 dentro de su tradición jurisdiccional—;

  • la vivencia de los valores transmitidos por el Rito;

  • y el respeto de las reglas jurisdiccionales. [4]


Así entendida, la regularidad no queda encerrada en una genealogía de documentos. Exige procedencia, límites claros de autoridad y alguna correspondencia entre las normas que se reciben y la forma en que terminan siendo ejercidas.


Aquí conviene separar dos palabras que suelen usarse como si significaran lo mismo: regularidad y reconocimiento.


La regularidad se refiere, en este caso, a la relación de una estructura con sus propios fundamentos, sus reglas de formación, su jurisdicción y la autoridad que recibió para actuar. El reconocimiento ocurre después y pertenece a otro plano: otra potencia acepta relacionarse con ella porque considera satisfechos determinados criterios.


La diferencia no es pequeña. El reconocimiento es una relación entre instituciones; la regularidad pretende describir una condición de la propia institución. Una organización no se vuelve histórica, doctrinal o materialmente coherente sólo porque otra la reconozca. Y una disputa de reconocimiento tampoco demuestra por sí misma que toda la estructura cuestionada carezca de origen o continuidad.


“El reconocimiento es una relación entre instituciones. La regularidad describe una condición de la propia institución.”

Confundir ambas cosas es una conclusión simplista: “me reconocen, por lo tanto soy regular; no te reconocen, por lo tanto no lo eres”. La historia que estamos revisando es bastante más complicada que eso.


La atribución tradicional de las Grandes Constituciones de 1786 a Federico II de Prusia es discutida históricamente, y ocultarlo sería innecesario. Es posible reconocer la función jurídica e institucional que esos textos adquirieron en numerosos Supremos Consejos sin convertir en certeza histórica aquello que todavía se discute sobre su origen.


Alguna vez mi maestro Miguel Cintrón resumió otro aspecto del problema de una forma mucho más simple: para formar una logia simbólica bastan tres maestros inconformes; para formar una Gran Logia, tres logias simbólicas inconformes.


Siempre me ha parecido una frase correcta sólo hasta cierto punto.


Tres maestros pueden tener razones legítimas para separarse e incluso comenzar a reunirse por su cuenta. Eso describe un hecho. El problema aparece después, cuando hay que determinar si para resolver su inconformidad desconocieron las normas, competencias o procedimientos de la estructura de la que procedían y, sobre todo, con qué autoridad pretenden actuar a partir de ese momento.


Con tres logias sucede algo parecido. Materialmente pueden organizar una nueva Gran Logia, pero todavía quedará por demostrar si esa estructura conserva una continuidad válida dentro de la tradición que reclama y si la ruptura ocurrió conforme a las mismas reglas que después pretende invocar como fundamento.


La United Grand Lodge of England formuló en 1929 sus Basic Principles for Grand Lodge Recognition, entre ellos la llamada Regularity of origin. Es una referencia importante para comprender el sistema inglés de reconocimiento entre Grandes Logias, aunque no define por sí misma la regularidad de los Supremos Consejos del REAA.


El propio Suprême Conseil pour la France ha señalado que esos principios ingleses se refieren al reconocimiento entre Grandes Logias y que, dentro de su propia tradición, un Supremo Consejo es reconocido por otros Supremos Consejos regulares. [5]


No estamos ante una disputa entre Francia e Inglaterra, sino ante un problema bastante más sencillo: qué autoridad tiene competencia sobre qué cosa.



2. El documento dice algo. La realidad dice algo más.

Una patente otorgada hace ciento cincuenta años puede demostrar que determinada autoridad existía en ese momento. Lo que no puede decirnos es si hoy los cargos se entregan por capacidad, si las normas pesan igual para todos, si quienes gobiernan conocen aquello que administran o si una institución conserva todavía el sentido de los procedimientos que ejecuta.


En su obra La ideología alemana, Marx y Engels proponen comenzar el análisis a partir de los individuos reales, de su actividad y de las condiciones históricas en las que viven, antes que de las ideas que esos mismos individuos construyen sobre sí y sobre su realidad. [1]

Ese criterio ayuda mucho aquí. La palabra “regularidad” no existe suspendida fuera de la historia; adquiere sentido dentro de estructuras concretas, con documentos, conflictos, autoridades y límites también concretos. [1]


Esto se vuelve bastante evidente dentro de cualquier institución.


Una constitución puede declarar igualdad ante sus normas y, al mismo tiempo, pueden existir prácticas informales que protegen a determinadas personas. La constitución no desaparece por ese favoritismo, ni el favoritismo deja de existir porque el reglamento diga otra cosa. El verdadero problema aparece cuando hay un conflicto y queda claro cuál de las dos fuerzas termina ordenando la conducta.


Con la disciplina ocurre algo parecido. Horarios, sanciones y obligaciones pueden estar perfectamente redactados; después habrá que mirar quién incumple, quién responde, cuántas excepciones se conceden y qué relación existe entre la persona que recibe la excepción y quien tiene facultades para otorgarla.


Una institución forma a sus miembros también por aquello que tolera, muchas veces con bastante más eficacia que por aquello que enseña.


“Lo que una institución tolera termina enseñando qué reglas importan de verdad.”

Eso explica cómo una genealogía documental puede seguir intacta mientras las costumbres reales empiezan a separarse de aquello que la misma institución afirma proteger.



3. Reconocimiento no es una medalla de superioridad.

“Somos reconocidos por…”


La frase tiene peso y debe tenerlo, aunque ahora ya podemos precisar qué peso tiene.


El reconocimiento establece una relación. Una organización examina a otra, acepta determinados antecedentes y abre con ella posibilidades de trato, visita o colaboración. Eso no equivale a crear retroactivamente su origen ni a otorgarle por sí sola toda su regularidad.

Dicho de otra manera: reconocer no es constituir.


Una patente puede existir antes del reconocimiento. Una jurisdicción puede reclamar continuidad antes de que otra potencia decida relacionarse con ella. Después vendrá la discusión sobre si esos antecedentes son suficientes, si las facultades fueron ejercidas correctamente y si la potencia que reconoce tiene competencia para hacerlo.


Por eso la primera pregunta no debería ser solamente “¿quién lo reconoce?”, sino algo más contundente: ¿qué es exactamente lo que está reconociendo y con qué autoridad lo hace?


Dentro del REAA, el Suprême Conseil pour la France sostiene que el reconocimiento de un Supremo Consejo corresponde a otros Supremos Consejos regulares y no a una Gran Logia. [5] La Gran Logia simbólica mantiene su propio ámbito y sus propias relaciones; el Supremo Consejo opera en otro nivel. Si una autoridad pretende resolver asuntos que no pertenecen a su jurisdicción, el problema deja de ser terminológico y se vuelve institucional.


Esta preocupación no apareció ayer. En 1834, un tratado celebrado en París entre Supremos Consejos escoceses recordó, a partir de las Grandes Constituciones de 1786, que un solo Supremo Consejo podía existir dentro de un mismo país y defendió expresamente la independencia e integridad de cada uno. [17] Décadas después, los acuerdos internacionales del Rito formularían el criterio de manera todavía más precisa: un Supremo Consejo por jurisdicción. [19]


Ahí la palabra jurisdicción deja de ser decorativa. Define hasta dónde llega una autoridad y dónde comienza la de otra.


Cerneau vuelve a ser útil por eso. La cuestión no era únicamente si poseía una patente. Había que establecer qué facultades contenía, sobre qué territorio podían ejercerse y si podían trasladarse intactas cuando su poseedor abandonaba ese territorio.


“Una autoridad no se demuestra sólo por su origen, sino por las facultades que realmente recibió y los límites dentro de los que podía ejercerlas.”

La procedencia demostraba algo. Los límites de la procedencia todavía tenían que discutirse.


La historia inglesa, aunque no sea nuestra fuente doctrinal para el REAA, ofrece un ejemplo útil de lo difícil que puede llegar a ser el reconocimiento. En 1751 apareció en Londres una Gran Logia rival de la existente desde 1717. Los Antientsacusaban a los llamados Moderns de haberse apartado de antiguas prácticas y durante décadas ambos cuerpos mantuvieron estructuras propias mientras negaban la regularidad del otro.


El 27 de diciembre de 1813 terminaron uniéndose para constituir la United Grand Lodge of England. [6]


Hoy la discusión está resuelta y por eso la genealogía parece evidente. Durante buena parte del siglo XVIII no lo era.



4. Cuando una costumbre se disfraza de tradición.

Es fácil caer en lo que Hobsbawm estudió como invención de la tradición: prácticas relativamente recientes que, mediante repetición y formalización, terminan proyectándose hacia un pasado más remoto de lo que realmente tienen. [7]


Su distinción entre tradición, costumbre y rutina sirve especialmente bien para instituciones antiguas. La tradición busca cierta continuidad; la costumbre admite adaptación sin perder necesariamente su relación con el precedente; una rutina puede existir simplemente porque alguna vez resolvió un problema práctico.


Supongamos que hace cuarenta años alguien introduce una práctica administrativa porque había una necesidad concreta. Funciona. El problema desaparece, pero la práctica permanece. La generación que tomó aquella decisión se retira y quienes llegan después siguen ejecutándola sin recordar exactamente por qué comenzó.


Treinta años más tarde alguien pregunta por su origen.


“Así se ha hecho siempre.”


“Una costumbre repetida el tiempo suficiente puede terminar pareciendo un principio que nadie se atreve a cuestionar.”

Esa frase puede contener cien años de historia o treinta años de olvido. Sin documentación resulta muy difícil distinguirlos.


No toda modificación posterior destruye una tradición. A veces ajustar una forma permite conservar mejor su finalidad, y ninguna institución que permanezca viva durante siglos puede evitar todos los cambios. Lo delicado aparece cuando nadie sabe ya qué se modificó, cuándo ocurrió o qué problema intentaba resolver.


Una rutina termina entonces recibiendo el mismo trato que un principio, mientras una adaptación reciente comienza a defenderse como si hubiera atravesado intacta tres siglos.


Ahí el archivo deja de ser un gusto por el pasado y se convierte en una herramienta de control sobre el presente.


5. La continuidad no ocurre automáticamente.

Una institución recibe una estructura y después tiene que operarla durante años, quizá siglos, mediante personas con capacidades, intereses y criterios muy distintos. Sería ingenuo imaginar que aquello que una generación comprendió necesariamente pasará intacto a la siguiente.


Nuestros propios Principios Fundamentales parten de ese riesgo. El orden institucional puede apartarse de aquello que pretende expresar y, por esa razón, su validez “no se presume”: tiene que confirmarse en su correspondencia con la realidad. Cuando aparece una contradicción manifiesta, reconocerla y corregirla forma parte del propio funcionamiento del sistema. [8]


Me interesa especialmente este criterio porque vuelve difícil utilizar la regularidad sólo para mirar hacia afuera.


Si los resultados importan al evaluar a otra organización, también tendrán la misma importancia cuando la contradicción aparece dentro de la propia institución. Si la autoridad debe mantenerse dentro de límites, esos límites tendrían que aplicarse incluso cuando quien los cruza es cercano, poderoso o respetado. No hay coherencia en exigir una regla a los demás y convertirla en sugerencia cuando toca la propia casa.


La corrección tampoco implica necesariamente traicionar una tradición. Puede ser justo lo contrario. Una institución incapaz de distinguir entre continuidad y simple repetición termina preservando errores con la misma disciplina con la que debería preservar principios.


Desde ese momento la patente deja de cerrar la discusión y comienza a plantear una responsabilidad: qué hicieron con ella quienes la recibieron después.



6. La genealogía que casi nunca aparece en los cuadros.

Las genealogías institucionales suelen estar bien cuidadas: quién otorgó autoridad, qué cuerpo reconoció al siguiente, dónde apareció una patente. La genealogía de las prácticas acostumbra ser bastante más borrosa.


  • ¿Quién redactó la versión que actualmente utilizamos?

  • ¿Cuándo apareció cierta explicación?

  • ¿Qué parte pertenece a una fuente anterior y cuál fue adaptada después?

  • ¿La modificación fue consciente o simplemente alguien comenzó a hacerlo así?


No todos los miembros necesitan convertirse en historiadores. Quien administra una tradición, sin embargo, debería poder distinguir lo heredado de lo añadido.


Spinoza desconfiaba de una política que dependiera demasiado de la virtud personal del gobernante. En el Tratado político parte de hombres sometidos a ambición, miedo, interés, esperanza y otras pasiones, y desde esa realidad intenta pensar instituciones capaces de funcionar sin descansar enteramente sobre la buena fe de una sola persona. [9]


El problema se entiende muy bien dentro de cualquier organización jerárquica.


Si una norma sólo funciona cuando el dirigente resulta excepcionalmente recto, algo quedó mal protegido. Cuando cada cambio de autoridad puede alterar por completo el modo de aplicar una regla, la estructura depende demasiado del carácter personal de quien manda.


En masonería se habla mucho de la calidad del hombre y hay buenas razones para hacerlo. Lo que no parece razonable es construir un sistema que necesite hombres perfectos para impedir el abuso del poder.


“Una institución sólida no depende de hombres perfectos, sino de límites que sigan funcionando cuando ellos cambian.”

Una tradición también se conserva mediante límites que sobreviven a las personas.



7. Cerneau no fue el principio. Pike tampoco.

La historia del REAA resulta bastante menos limpia de lo que sugieren algunos árboles genealógicos.


Mucho antes de Pike encontramos en Francia un desarrollo intenso de grados llamados écossais. Durante el siglo XVIII aparecieron sistemas distintos, se combinaron grados y terminó tomando forma el llamado Rito de Perfección, asociado después con Étienne Morin. [10]


Morin recibió en 1761 facultades para propagar esos altos grados en el Nuevo Mundo y su actividad llevó el sistema hacia el Caribe. Henry Andrew Francken desempeñó después un papel importante en la transmisión hacia el continente americano.


El 31 de mayo de 1801, en Charleston, se constituyó el primer Supremo Consejo de 33°, utilizando materiales que ya habían atravesado décadas de desarrollo y circulación entre Europa y América. [10]


La ruta volvió después hacia Francia. Auguste de Grasse-Tilly regresó desde América y el 20 de octubre de 1804 quedó constituido en París el Suprême Conseil du 33e degré en France, considerado por esa jurisdicción como el segundo Supremo Consejo del mundo. [11]


Hay otro detalle. La denominación completa “Rito Escocés Antiguo y Aceptado” tampoco aparece perfectamente fijada desde Charleston en 1801. La documentación francesa registra el uso de Rite écossais ancien et accepté en textos internos de reorganización del Supremo Consejo francés del 27 de noviembre de 1806. [18]


No cambia la existencia anterior del sistema de 33 grados. Lo que muestra es otra cosa: el sistema existió antes de que su nombre terminara de fijarse.


Esto lastima un poco a las genealogías que se consideran demasiado limpias, pero ayuda a entender cómo funcionan realmente las instituciones. Primero aparecen cuerpos, grados, documentos y conflictos; con el tiempo también se estabilizan los nombres con los que después creemos que todo comenzó.


Hablar de una simple línea Escocia → Francia → América ya no alcanza para explicar semejante movimiento. Francia fue un espacio decisivo para el desarrollo de los altos grados; el Caribe funcionó como zona de circulación y transformación; Charleston reorganizó el sistema y Francia volvió a recibirlo bajo aquella nueva forma.


Cuando Albert Pike fue elegido Soberano Gran Comendador de la Jurisdicción Sur en 1859 habían pasado 58 años desde Charleston. Recibió una estructura que ya acumulaba manuscritos, interpretaciones diferentes, problemas jurisdiccionales y archivos menos ordenados de lo que hoy suele imaginarse. [12]


Pike dedicó buena parte de su vida a estudiar, comparar, reorganizar y reescribir esos materiales. Algunas de sus conclusiones históricas envejecieron mal; otras marcaron profundamente al Rito. Su propia jurisdicción continuó revisando después aquello que él había dejado.


En 1995 comenzó un nuevo proceso que terminó con el Revised Standard Pike Ritual de 2000, buscando conservar contenido, mejorar claridad, revisar fundamentos históricos y dar mayor continuidad al conjunto de grados. [13]


Hay algo sano en eso. Una tradición que se toma en serio a sí misma también tiene que soportar que sus propios documentos vuelvan a ser examinados.


8. Francia explica mucho. América también.

El gráfico de Genealogía de los principales ritos masónicos en el mundo coloca al REAA, en lo que respecta a los grados simbólicos, dentro de la familia francesa. La línea pasa por desarrollos como Clermont y el Rito de Perfección antes de llegar al REAA. [14]


En él se advierte que el esquema representa linajes de los grados simbólicos y no pretende reconstruir la genealogía de los altos grados filosóficos. [14] Conviene respetar ese límite porque, para los altos grados, hay que seguir otra documentación: Morin, Francken, Charleston, Grasse-Tilly y los Supremos Consejos posteriores.


También por eso la palabra Escocés necesita un poco de cuidado. En el siglo XVIII francés, écossais fue adquiriendo una significación ritual vinculada con determinados grados y sistemas, y no puede traducirse sin más como “procedente políticamente de Escocia”. Esto tampoco significa borrar las influencias británicas que participaron en aquella formación. La genealogía se vuelve falsa precisamente cuando intentamos escoger un solo país y convertirlo en propietario absoluto del origen.


“El REAA no nació terminado en un solo país. Se formó por transmisión, adaptación y reorganización entre distintas tradiciones.”

El REAA no salió terminado de Escocia, pero tampoco apareció espontáneamente en Francia. Lo que encontramos es mezcla, transmisión, adaptación y finalmente reorganización.


Francia participó en la formación de aquello que después viajaría hacia América, y América devolvió un sistema transformado. Ese intercambio produjo nuevas estructuras, jurisdicciones y problemas que ya no pueden explicarse mirando un solo país.


Cuando esas corrientes llegaron a México tampoco quedaron congeladas. Las corrientes escocesa y yorkina participaron activamente en la vida política de los primeros años de la República y, en 1825, apareció el Rito Nacional Mexicano en medio de esas tensiones y de la búsqueda de una expresión propia dentro de la nueva realidad nacional. [15]


Lo interesante no es decidir si lo europeo era superior ni si lo mexicano era más auténtico. Una tradición que cruza fronteras inevitablemente entra en contacto con nuevas condiciones políticas, sociales e institucionales, y a partir de ahí la continuidad deja de ser una simple cuestión de procedencia.


La Regularidad Masónica

9. El desajuste no suele presentarse como desajuste.

Una institución rara vez despierta un lunes y decide abandonar sus principios. Sucede de una manera bastante más ordinaria.


Una excepción parece razonable. Después aparece otra. Alguien recibe una responsabilidad para la que todavía no está preparado porque no existe una mejor opción. Una regla se flexibiliza porque el caso parece especial y, cuando surge otro parecido, ya hay un precedente.


Con suficiente tiempo, algunas excepciones dejan de sentirse como tales.


La repetición puede darle apariencia de tradición a algo cuyo origen nadie recuerda; Hobsbawm ya advirtió ese mecanismo. Marx y Engels obligan a mirar algo distinto: qué relaciones produce realmente la práctica. Si una norma proclama una cosa pero la vida institucional premia otra, será esta última la que termine moldeando a los miembros.


Spinoza aparece de otra manera en este punto.


Si corregir una desviación depende de esperar a que llegue un dirigente extraordinariamente fuerte, honesto o inteligente, entonces la estructura permitió que el problema penetrara demasiado.

Nuestros Principios Fundamentales colocan la responsabilidad precisamente en quienes interpretan y ejecutan el orden. Su comprensión, criterio y formación pueden preservarlo, ajustarlo o degradarlo; la coherencia debe comprobarse en la operación real, y la corrección del desajuste forma parte del propio sistema. [16]


Una organización puede seguir teniendo patentes válidas mientras acumula problemas internos. También puede reconocerlos, corregirlos y continuar siendo la misma organización. Negar toda desviación por miedo a cuestionar la tradición termina siendo una forma bastante extraña de conservarla.



Conclusión.

Nadie niega el peso de una patente; sin ella, demostrar transmisión histórica, facultades y continuidad sería mucho más difícil. El reconocimiento tampoco es un asunto menor, pues establece relaciones entre estructuras que se aceptan bajo determinados criterios y dentro de determinadas jurisdicciones.


Después de recorrer la historia del REAA, sin embargo, resulta difícil seguir hablando de regularidad como si fuera una línea recta que comienza en un documento antiguo y desemboca automáticamente en nosotros.


Cerneau tenía una patente y hubo que discutir qué podía hacer con ella. Bideaud terminó regularizado aunque su situación inicial tampoco era limpia. Los altos grados circularon entre Francia, el Caribe y América antes de que Charleston organizara el Supremo Consejo de 33°; después, el sistema volvió a Francia con Grasse-Tilly. Décadas más tarde Pike recibió materiales que todavía exigían investigación y sus propios sucesores volvieron a revisar lo que él había dejado.


Nada de esto invalida la regularidad. Lo que invalida es una versión demasiado cómoda de ella.


Hay que poder reconstruir de dónde viene una autoridad, quién la otorgó, qué facultades concedió y sobre qué jurisdicción podía ejercerse. Después habrá que seguir sus modificaciones, reconocimientos y prácticas, porque la continuidad institucional no ocurre solamente en los archivos.


Y queda todavía una parte que ningún fundador puede resolver por adelantado.


Los hombres que obtuvieron una patente pueden transmitirla junto con normas, rituales, títulos y una genealogía perfectamente documentada. El criterio con el que esa herencia será utilizada cien años después pertenece ya a otra generación. Tendrá que formarse, estudiar, cometer errores y corregirlos.


Desde la perspectiva del REAA que hemos seguido, la regularidad exige entonces algo bastante concreto: un origen identificable, autoridad ejercida dentro de sus límites jurisdiccionales y una continuidad real entre aquello que se recibió y aquello que hoy se hace en su nombre.


“La regularidad no se hereda completa: cada generación tiene que demostrar que sigue siendo capaz de sostener aquello que recibió.”

El documento conserva su fuerza mientras sigue describiendo una institución reconocible detrás de él. Cuando esa relación comienza a desaparecer, el problema ya no se resuelve mostrando el documento otra vez.



Notas

[1] Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, Parte I, manuscrito de 1845-1846. Se utiliza especialmente su criterio de partir de los individuos reales, su actividad y las condiciones materiales e históricas en que ésta ocurre, en lugar de comenzar por las representaciones abstractas que una sociedad produce acerca de sí misma.

[2] Aimee E. Newell, “Joseph Cerneau’s Supreme Council: Misunderstanding or Malice?”, The Northern Light, vol. 41, núm. 2, mayo de 2010, pp. 4-5. La autora identifica las facultades concedidas a Cerneau por Antoine Matthieu Du Potet en julio de 1806 y sus límites territoriales en Cuba.

[3] Newell, op. cit., p. 6. Describe los tres grupos encontrados por De La Motta en Nueva York y señala expresamente que el grupo de Bideaud, como el de Cerneau, “was not regular”. También registra las interpretaciones posteriores, favorables y críticas, de la actuación de De La Motta.

[4] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “Communiqué du Suprême Conseil pour la France”, 29 de noviembre de 2010. Presenta como referencias de regularidad el acto fundador constituido por las Grandes Constituciones de 1786 dentro de su tradición, la vivencia de los valores del Rito y el respeto de las reglas jurisdiccionales.

[5] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, circular dirigida a los hermanos de su jurisdicción, 13 de mayo de 2011. Precisa que los Basic Principles for Grand Lodge Recognition ingleses de 1929 conciernen al reconocimiento entre Grandes Logias y que el reconocimiento de los Supremos Consejos corresponde a otros Supremos Consejos regulares.

[6] United Grand Lodge of England, “History of Freemasonry”. Se utiliza aquí únicamente como referencia histórica sobre la coexistencia de Antients y Moderns y su unión el 27 de diciembre de 1813, no como fundamento doctrinal de la regularidad del REAA.

[7] Eric Hobsbawm, “Introduction: Inventing Traditions”, en Eric Hobsbawm y Terence Ranger, eds., The Invention of Tradition, Cambridge University Press, 1983, pp. 1-3. Especialmente relevante su distinción entre tradición, costumbre y rutina.

[8] Principios Fundamentales del Supremo Consejo, 2026, Título VI, Principio I. El documento establece que el orden institucional puede apartarse de aquello que le da fundamento y que su validez no se presume, sino que debe confirmarse mediante su correspondencia con la realidad.

[9] Baruch Spinoza, Tratado político, cap. I, §6 y cap. VI, §§1-3. Se retoma su preocupación por diseñar instituciones que no dependan únicamente de la virtud o buena fe de quienes ejercen el poder.

[10] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “Genèse du Rite Écossais Ancien et Accepté (1743-1801)”. Reconstruye el desarrollo del Écossisme, la actividad de Morin y Francken, la circulación del Rito de Perfección y la formación del Supremo Consejo de Charleston en 1801.

[11] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “Naissance et premiers pas du REAA en France (1804-1821)”. Sitúa la constitución del Supremo Consejo francés el 20 de octubre de 1804 bajo Auguste de Grasse-Tilly.

[12] Supreme Council, 33°, Southern Jurisdiction, U.S.A., archivos e historia institucional sobre Albert Pike. Documenta el estado disperso de parte de los materiales antiguos cuando Pike comenzó su trabajo dentro de la jurisdicción.

[13] Supreme Council, 33°, Southern Jurisdiction, U.S.A., Scottish Rite Member Handbook, sección “The Revised Standard Pike Ritual of 2000”. Describe la revisión iniciada en 1995 y sus criterios de preservación, claridad, continuidad y revisión histórica.

[14] Manuel Rodríguez Castrillón, Genealogía de los principales ritos masónicos en el mundo, actualización diciembre de 2008. El gráfico coloca los grados simbólicos del REAA dentro de la familia francesa y advierte expresamente que no incluye los altos grados filosóficos.

[15] Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, grandeza y diversidad, fascículo 12. Sitúa en 1825 la aparición del Rito Nacional Mexicano dentro del contexto de las corrientes escocesa y yorkina y de la formación política del México independiente.

[16] Principios Fundamentales del Supremo Consejo, 2026, Título VI, Principios XI, XII y XIII. Vinculan la coherencia con la operación real del sistema, la corrección del desajuste y la capacidad de quienes interpretan y ejecutan el orden.

[17] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “L’essor du Suprême Conseil du 33ème degré en France (1821-1862)”. Registra el Tratado de unión, alianza y confederación masónica celebrado en París el 23 de febrero de 1834 entre Supremos Consejos escoceses. El tratado recuerda, con referencia a las Grandes Constituciones de 1786, la existencia de un solo Supremo Consejo dentro de un mismo país y defiende la independencia e integridad de cada Supremo Consejo.

[18] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “Retour en France du système écossais sous la forme du Rite Écossais Ancien et Accepté (1802-1821)”. La institución señala que el 27 de noviembre de 1806 aparece por primera vez en textos de reorganización interna del Supremo Consejo francés la denominación Rite écossais ancien et accepté.

[19] Suprême Conseil pour la France du Rite Écossais Ancien et Accepté, “L’essor du Suprême Conseil du 33ème degré en France (1862-1894)”. Al referirse al Convento de Lausanne de 1875, señala que los Supremos Consejos presentes y representados se comprometieron a reconocer un solo Supremo Consejo por jurisdicción, dentro del sistema de relaciones y reconocimiento entre jurisdicciones escocesas.


 
 
 

Comentarios


Masónes, Guadalajara, Jalisco Mexico

Gran Logia Masónica Nikola Tesla

bottom of page