Cronos no cae por debilidad, sino por miedo. Goya convierte el mito en una advertencia sobre todo mando que confunde continuidad con permanencia personal, deja de servir a la obra y comienza a devorar a quienes podrían continuarla. Cuando una autoridad teme a sus relevos, ya no custodia el futuro: lo destruye para seguir sintiéndose necesaria.